Aprendiendo a aprender de Héctor Ruiz

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No recuerdo exactamente en qué momento escuché por primera vez a Héctor Ruiz. Seguro que fue mucho antes de que apareciese en aquel vídeo de un Banco en el que hablaba sobre cómo aprende nuestro cerebro. Lo recuerdo porque ya en aquel tiempo me había comprado tres de sus libros y lo que decía en ese vídeo ya me resultaba familiar. Lo que está claro es que Héctor ha sido una de las primeras personas que me han ayudado a cuestionarme seriamente mi trabajo diario como docente. Especialmente todo lo relacionado con el proceso de enseñanza-aprendizaje en las materias que imparto. Sé que posiblemente «Aprendiendo a Aprender» no sea el libro en el que más se desarrollan todos los elementos relacionados con el aprendizaje. Sin embargo creo que el lenguaje en el que está escrito facilita las cosas a toda aquella persona que quiere comenzar a adentrarse en este mundo de la psicología cognitiva.

Un libro estructurado en 8 capítulos más un anexo extra en los que Héctor nos acerca a todas las cuestiones, o al menos las más remarcables, relacionadas con los procesos de aprendizaje: la memoria, la adquisición de nuevos conocimientos, la evocación, el olvido, la codificación, el almacenamiento en nuestro cerebro de todo lo aprendido, la atención, la motivación o la transferencia de nuestros conocimientos a otras áreas son algunos de los aspectos tratados y sobre los que voy a hablar ahora.

¿Cómo aprende nuestro cerebro?

En este primer capítulo se nos habla de la importancia de la memoria y su papel en los procesos de aprendizaje. Para la ciencia, la memoria es un proceso adaptativo en el que nuestro cerebro se modifica como consecuencia de las experiencias y acciones de nuestro día a día. Por lo tanto, la memoria ha sido y es imprescindible para nuestra especie. Pero no toda la memoria es igual ni funciona de la misma manera. En esta parte del libro Héctor explica muy claramente las dos más importantes en el proceso de aprendizaje: la memoria de trabajo y la memoria a largo plazo. La memoria de trabajo es aquella en la que se produce el proceso de aprendizaje. Encargada de captar y seleccionar la información del entorno, podríamos decir que la memoria de trabajo es la que parte de la memoria que entra en acción cuando hablamos de la atención. Pero la capacidad de la memoria de trabajo es limitada. Ya hablaremos más adelante de este aspecto.

La memoria de trabajo precede a la memoria a largo plazo, que es la encargada de almacenar nuestros recuerdos y también nuestros conocimientos. Ambas están íntimamente conectadas y en constante comunicación. En la memoria a largo plazo podemos almacenar información como por ejemplo recuerdos o conocimientos (éstos se guardarían en la llamada «memoria declarativa»), pero también podemos guardar cualquier cosa relacionada con una habilidad (que se almacenarían en la «memoria procedimental»).

Entonces, ¿cómo aprende nuestro cerebro? Hoy en día circulan algunas analogías que nos presentan a nuestro cerebro como una biblioteca o un ordenador. En él se almacenan nuestros recuerdos y sólo con acceder a esos espacios en el que están almacenados nuestros conocimientos, recordamos cualquier cosa aprendida. Es cierto que nuestro cerebro accede a la información que deseamos recuperar, pero esta información no está almacenada en un único espacio. Esto se debe a que cuando aprendemos algo nuevo, nuestro cerebro trata de vincularlo a conocimientos que ya existen previamente en nuestra memoria (ya sean experiencias o conocimientos previos). Por lo tanto cuando recordamos realizamos un proceso reconstructivo. Esta idea es muy importante ya que nos ayuda a comprender que si deseamos que un nuevo conocimiento quede fijado con más fuerzo a nuestra memoria, la mejor manera de hacerlo es relacionándolo con otros conocimientos que ya tengamos almacenados en ella. Cuantas más conexiones generemos, más profundamente quedará almacenada esa nueva información o habilidad en nuestra memoria y más sencillo nos resultará recuperarla cuando sea necesario o vincularla a otras áreas del conocimiento.

Concentrarse para aprender

Como ya adelantaba Héctor en el capítulo anterior, la memoria de trabajo tiene una capacidad limitada. Por lo tanto, todo lo queramos aprender luchará con otros elementos por ese espacio tan escaso. De ahí la importancia de mejorar nuestra atención y evitar todo elemento de distracción cuando estamos aprendiendo. En este capítulo Héctor habla de muchos distractores que nos acompañan cuando estudiamos o aprendemos algo. Uno de ellos es la música. Aunque es algo de lo que me gustaría hablar en el futuro, podríamos resumir que la mejor manera de estudiar será siempre en silencio o con algún tipo de música muy concreta. Pero, como he dicho, hablaremos en otro momento sobre este aspecto.

Otro elemento interesante de este capítulo es el concepto de «carga cognitiva» que va asociado a esa limitación de nuestra memoria de trabajo. Todo aquello que ocupa nuestra atención va ocupando espacio en nuestra memoria de trabajo. Por lo tanto es muy importante gestionar de manera correcta todos estos elementos externos que pueden llegar a desbordar nuestra carga cognitiva. Si somos capaces de regular los elementos de distracción, introducir pequeños momentos de descanso en nuestras sesiones de estudio o incluso si partimos aquello que deseamos aprender en elementos más pequeños, ayudaremos a que nuestra carga cognitiva no se desborde y no tengamos esa sensación de no poder aprender más. De ahí que nuestra capacidad de controlar lo que ocupa nuestra atención es un factor determinante en nuestros procesos de aprendizaje (lo que llamamos ‘control inhibitorio’). Sin embargo, no responder de manera automática ante una distracción requiere esfuerzo y nos termina agotando.

Este capítulo concluye con la introducción de dos elementos importantes en el aprendizaje:

  • La multitarea, esa idea tan extendida hoy en día de que podemos hacer más de dos cosas a la vez y sin problemas. Héctor lo explica muy bien y de manera clara: no podemos hacer más de una cosa a la vez sin que una de ellas, o incluso todas, se vean afectadas. Lo hemos explicado anteriormente mediante el concepto de ‘carga cognitiva’.
  • Las distracciones planificadas. Las distracciones afectan a nuestro aprendizaje. Pero si esas distracciones las acotamos o limitamos a un momento concreto fuera de nuestra sesión de trabajo, conseguiremos que los tiempos dedicados al aprendizaje sean mucho más efectivos y provechosos.

Pensar para aprender

En este tercer capítulo, Héctor habla acerca de todas aquellas estrategias que mejoran el paso de la memoria de trabajo a la memoria a largo plazo. No voy a explicarlas todas en este artículo ya que en el futuro dedicaré una entrada del blog a ellas (o a cada una, ya veremos). Hoy sólo quiero citarlas y hacer algún breve comentario al respecto:

  • En primer lugar, para aprender mejor debemos intentar conectar lo aprendido con aquello que ya sabemos. Cuantas más conexiones realicemos entre un objeto nuevo de aprendizaje y nuestros conocimientos previos (sobre el mismo tema o sobre temas relacionados), nos será luego mucho más sencillo recordarlo. Para ello es importante dar sentido a lo que aprendemos (darle significado).
  • Del punto anterior también podemos extraer una idea interesante. Pensar de manera intensa (con esfuerzo y concentración) sobre algo que deseamos aprender o resolver nos ayuda a recordarlo mejor en el futuro. Posiblemente se deba a que nuestro cerebro entiende que si nos ha costado esfuerzo es porque es importante. Nuestro cerebro tiende a ser algo perezoso y se acomoda buscando la automatización de las tareas.
  • El aprendizaje profundo debe ser elaborativo y no repetitivo. Elaborar implica esfuerzo, búsqueda de conexiones y patrones, relación con otros elementos conocidos, etc.

En este punto, el autor da algunas ideas de técnicas que nos pueden ayudar a estudiar de manera elaborativa. Para ello cita herramientas como las auto explicaciones, las interrogaciones elaborativas, la codificación dual, los ejemplos concretos, las analogías o las estrategias mnemotécnicas.

Sólo me queda comentar de este capítulo la importancia en los procesos de aprendizaje de la activación de conocimientos previos. Éste es un paso previo imprescindible para un aprendizaje elaborativo. Si nos preguntamos qué idea previa tenemos acerca de un tema que deseamos aprender, nos resultará más sencillo aprenderlo.

Recordar para aprender

Una vez analizada la importancia de la elaboración en los procesos de aprendizaje y la conexión de los nuevos conocimientos con lo que ya sabemos, ¿podemos hacer algo por mejorar la consolidación de todo lo aprendido en nuestra memoria a largo plazo? Parece que sí. Y una palabra nos puede ayudar en esta tarea: la evocación. La evocación es el último paso en cualquier proceso de aprendizaje. Primero adquirimos conocimiento (codificación), luego lo guardamos en la memoria (memorización) y finalmente recordamos lo aprendido (evocación). Si recordamos lo aprendido, retrasamos el olvido. Así que practicar la evocación nos ayuda a no olvidar y a recuperar con más facilidad todo aquello que hemos guardado en nuestra memoria.

Para evocar correctamente debemos hacer el esfuerzo de recordar lo aprendido. Por ello debemos evitar todas aquellas técnicas que nos transmiten una falsa ilusión de que sabemos algo. Me refiero, principalmente, a releer. Gracias a la evocación podemos saber lo que sabemos. Pero también podemos saber lo que no sabemos. De manera que detectaremos nuestros puntos fuertes y débiles y podremos dedicar tiempo a reforzar aquellos conocimientos que no dominamos. Los resúmenes, los mapas mentales, la resolución de problemas o las auto evaluaciones son algunas herramientas que nos permiten poner en práctica la evocación en nuestro proceso de aprendizaje. Puede que todo esto nos resulte pesado y difícil. Pero es importante remarcar que todas estas dificultades son deseables para nuestro aprendizaje.

Olvidar para aprender

Olvidar y aprender son dos elementos que van cogidos de la mano. Cuando aprendemos algo comenzamos a olvidarlo. Es algo natural que nos permite eliminar de nuestra memoria elementos que no son de importancia y conservar aquellos recuerdos que sí lo son. Ya hemos visto anteriormente que una manera de decirle al cerebro qué es lo que debe recordar es pensar con más esfuerzo y dar sentido a lo que aprendemos. Pero en esta parte del libro Héctor hace una reflexión acerca de la importancia de las emociones en los procesos de aprendizaje. Hablaremos un poco más adelante de este aspecto. También tengo pensado hablar sobre las emociones en la educación en otra entrada del blog. Por eso no me voy a parar mucho y te invito a que leas con especial interés este capítulo.

Volviendo a la importancia del olvido en los procesos de aprendizaje. Re aprender algo cuando lo hemos olvidado consolida mucho más aquello que ya se aprendió. Por lo tanto, repasar algo que ya se ha aprendido un tiempo después (cuando el olvido ha comenzado a hacer acto de presencia), nos ayuda a conservarlo en la memoria con más fuerza. Y ahí aparece el concepto de repetición espaciada. La repetición espaciada, al contrario que las sesiones de estudio intensivas en las que tratamos de aprender muchas cosas en un corto espacio de tiempo, consiste en dejar algún tiempo entre la sesión de estudio y la sesión de repaso. De esta manera dejamos que el cerebro olvide y al tratar de evocarlo, como probablemente nos supondrá un esfuerzo grande, lo aprendido quedará fijado con más fuerza en nuestra memoria. Optimizar un sistema de estudio en el que aplicamos la repetición espaciada nos ayudará a llegar mejor preparados a cualquier prueba de evaluación.

Si añadimos a todo esto un buen descanso y la práctica entrelazada, nuestras probabilidades de éxito aumentarán ampliamente.

Diversificar para aprender

Hemos hecho referencia en algún capítulo anterior a la idea de transferencia. El aprendizaje es más útil si podemos aplicar y relacionar lo que aprendemos no sólo con el área vinculado a ese aprendizaje sino con otras. Por ello, cuando aprendemos cualquier conocimiento o destreza es importante intentar relacionarlo con otros contextos. Esto hará que quede almacenado en nuestra memoria a largo plazo de manera más profunda. Héctor introduce en este apartado la idea de esquema. Los esquemas son los conjuntos de conocimientos relacionados entre sí según relaciones de significado. Si al aprender cualquier cosa conseguimos conectarlo con esquemas ya existentes en nuestra memoria, nos resultará mucho más sencillo evocarlo en diferentes contextos.

Sin embargo el contexto en el que adquirimos un conocimiento y el contexto en el que lo aplicamos dificulta la transferencia. Nos resulta muy complejo encontrar la conexión entre un conocimiento de un área y su aplicación a otras áreas. Para reducir esta complejidad, Héctor reflexiona acerca de la importancia de los ejemplos y las analogías (especialmente en contextos variados) en los procesos de aprendizaje. También destaca la importancia de la práctica entrelazada en la reducción de esta dificultad en los procesos de transferencia.

Motivarse para aprender

El autor se centra en este capítulo en un factor vital en cualquier proceso de aprendizaje: la motivación. Aquello que nos impulsa a conseguir nuestro objetivo es algo muy personal. A veces depende de factores externos (motivación extrínseca) y otras veces es algo que nos atrae o nos cautiva sin la necesidad de algo exterior que lo facilite (motivación intrínseca). Sin embargo hay dos factores más que pueden condicionar la motivación de cualquier estudiante hacia el objeto de su aprendizaje. El primero de ellos es el conocido como valor de consecución y hace referencia al valor que otorgamos al hecho de superar cualquier reto que se nos plantea. Y el segundo, más importante si cabe que los anteriores, es la idea de autoeficacia.

La autoeficacia se define como la confianza en el propio éxito y depende de muchos factores. Sin embargo, el factor que más afecta a nuestra autoeficacia es la interpretación que hacemos de nuestras experiencias. Es decir, la causa que hemos atribuido a esos éxitos o fracasos. En esta parte el autor plantea las diferencias entre aquellas personas que asignan las causas de sus éxitos o fracasos a factores preestablecidos y no modificables frente a aquellas otras que piensan que esos mismo éxitos o fracasos dependan de variables internas modificables y controlables (como por ejemplo el esfuerzo o el uso de unas buenas estrategias de aprendizaje). Es interesante comentar que existe otra expectativa que puede afectar a nuestro éxito como aprendices. La expectativa de resultado, que hace referencia a la confianza que depositamos en esas estrategias que nos llevan a alcanzar nuestras metas.

Todo lo anterior se ve afectado si un estudiante considera que las causas de su éxito o fracaso son fijas e inmutables o si por el contrario existe la posibilidad de modificarlas. Desde esta premisa Héctor plantea la distinción entre mentalidad fija o mentalidad de crecimiento, un concepto introducido por la psicóloga Carol Dweck y del que hablaremos en otro momento porque es realmente interesante.

Controlarse para aprender

Último capítulo del libro en el que el autor aborda un aspecto muy importante en los procesos de aprendizaje. La autorregulación. La autorregulación es la capacidad del estudiante de reflexionar acerca de sus procesos de aprendizaje evaluando e interviniendo en ellos para mejorarlos y está íntimamente relacionada con otro concepto explicado antes llamado control inhibitorio. La capacidad de controlar nuestras respuestas automáticas ante estímulos externos durante nuestros procesos de aprendizaje permiten a los estudiantes tener una mayor capacidad de reflexión acerca de los elementos externos e internos que afectan a este proceso (control de los nervios frente a una prueba de evaluación, anteponer una sesión de estudio a una actividad lúdica, la actitud frente a un reto en su aprendizaje, la gratificación retardada, etc.).

Existen muchas técnicas que nos permiten autorregularnos. Sin embargo se ha comprobado que la más efectiva en los procesos de aprendizaje es la denominada reevaluación cognitiva. Ésta consiste en evaluar las causas que han generado nuestros resultados con el objetivo de mejorar nuestras estrategias de aprendizaje.

Conclusión

Poco tengo que añadir más a todo lo comentado anteriormente. Creo que Aprendiendo a aprender es una buena primera aproximación a la psicología cognitiva y a los factores que intervienen en el aprendizaje. El lenguaje es claro, los ejemplos sencillos y el nivel de profundización suficiente para no abrumar al lector. Seguro que en el futuro analizaremos más libros de Héctor. Os invito a leerlo con más calma y detenimiento y a seguir profundizando en este mundo apasionante del aprendizaje.

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